Casi la
mitad de las canciones del disco vienen de un álbum de Sinatra del 1957.
Hay que prestar atención. Porque si no, el disco puede
terminarse antes de que uno se de cuenta. Con 35 minutos de duración, el último
trabajo de Bob Dylan es uno de esos discos que en épocas de sobreabundancia
musical llama la atención por su austeridad y humildad.
El País.com.uy / Fabián Muro sáb
mar 14 2015
Tal vez por eso es que uno de sus antiguos productores
—el canadiense Daniel Lanois— adelantó en una entrevista para el diario
Vancouver Times que es muy probable que haya un Shadows in the night II.
"Bob ha hecho dos discos de esto".
La relativamente corta duración del disco, sin embargo,
es engañosa. Como casi todo en torno a Dylan, un músico que ha hecho del
misterio y las apariencias una de sus principales armas, en particular en los
últimos años de su trayectoria.
Video: Bob Dylan - Stay with Me
(2:53)
Antes de seguir: hay que aclarar que
"engañoso" en este caso tiene pretensión de elogio. Como, por
ejemplo, cuando un mago nos sorprende luego de un muy bien ejecutado truco. En
esos 35 minutos, Dylan deja muchas pistas para que sus seguidores —o cualquier
espíritu curioso— descifren.
Cuando Dylan publicó el audio de "Full moon and
empty arms" en internet como adelanto del álbum —que llegó en estos días a
las disquerías uruguayas— poco hacía imaginar que todo el disco estaría
dedicado a composiciones ajenas. ¿Justo él, epítome del concepto de autor en el
rock, haciendo únicamente canciones de otros? Parecía, sino imposible,
inverosímil. El único antecedente, en su propia obra, era el disco de
villancicos que editó en 2009, Christmas in the heart, que hasta los más
acérrimos dylanianos pasan por alto.
Como ya se sabe, no es que Dylan se haya ido por las
ramas en su exploración de repertorios ajenos, por más que haya 22 autores
acreditados en las canciones de Shadows in the night, entre ellos Serguei
Rachmaninov. El espectro de Frank Sinatra —que en una o más oportunidades grabó
estas canciones— recorre todo el álbum.
Pero Dylan —sin negar la presencia de Sinatra, algo
imposible, claro—, se desmarcó del concepto "álbum de covers".
Jugando con la palabra "cover" (que en inglés
se usa tanto para "versión" como para "cubrir") Dylan dijo:
"Estas canciones ya fueron lo suficientemente cubiertas. De hecho, hasta
enterradas fueron. Lo que yo y mi banda hemos hecho es descubrirlas. Sacarlas
de la tumba y llevarlas a la luz del día".
En parte, tiene razón. Pero es difícil aceptar la frase
"luz de día" para un disco tan crepuscular. O directamente nocturno.
Enmarcadas por arreglos minuciosamente sutiles y recatados, estas canciones
protestarían —y con razón— si son escuchadas en un celular mientras vamos o
volvemos del trabajo entre ruido de motores y bocinas. O entre gente que hace
cola en el supermercado apurada por llegar a su casa.
Es mejor esperar el ascenso de la luna y el descenso del
ajetreo cotidiano para empezar a conocer estas canciones. O para reconocerlas
luego de mucho tiempo sin verlas.
No es extraño que la mente vaya vagando hacia imágenes
de películas cuando suena Shadows in the night. Ahí, entre la oscuridad y las
sombras que se proyectan en las paredes del cine, cuando estamos absortos y en
silencio siguiendo trama y personajes, es que estas melodías están más a gusto.
Ahí, además, aparecen también todos los pliegues de la
gastada garganta del protagonista, que en este disco demuestra que
"aprendió" a cantar. O simplemente decidió que ya había hecho
suficientes discos en los que no se le entendía lo que decía. Porque en este
disco Dylan articula las letras de las canciones como los más consumados
crooners, probablemente como un auténtica —y lograda— reverencia a Sinatra y a
toda una tradición musical de su país.
Aunque en algunas partes el tiempo y tabaco marquen una
presencia imposible de eludir, la voz de Dylan dibuja en el aire frases que
cualquiera con un mínimo de inglés puede entender. Esta vez, Dylan eligió un
repertorio poético que descarta lo barroco o extravagante: estas letras son tan
llanas en su sintaxis y gramática, como profundas en sus implicancias y
significados.
Hasta el orden de las canciones parece cuidadosamente
meditado. Desde el arranque ("Im a fool to want you") con un
personaje que se impone con una ronca autoridad, hasta el final ("That
lucky old sun"), con una voz que se despide en medio de una frágil y
esplendorosa melancolía, Dylan va contando una historia sobre una época que él
mismo contribuyó a enterrar con su irreverente genio juvenil, y que acá revive
por un instante en sus ajadas cuerdas vocales.
Cuando termina el disco, esa época vuelve a las sombras
y solo reaparecerá cuando Dylan vuelva a cantarla. Acá no hay trucos de
producción que anclen las melodías en la memoria.
Ese es otro de los desafíos de un disco anacrónico que
va en la dirección opuesta al consuelo de lo cómodo y repetitivo y que solo
encaja en el presente cuando éste acepta, aunque solo sea durante 35 minutos,
ponerse el traje del pasado.
Datos triviales sobre un disco atípico.
La canción que abre el álbum, Im a fool to want you, fue
grabada por Frank Sinatra por primera vez en 1951 y luego en 1957. El mismo
tema también fue grabado por Billie Holliday, Chet Baker, Tom Jones y Elvis
Costello, entre otros.
Video: Bob Dylan - I'm A Fool To
Want You (cover from "SHADOWS IN THE NIGHT") (4:21)
Stay with me, tercer tema del disco, fue parte de la
banda sonora de la película El cardenal (1963), dirigida por Otto Preminger y
con —entre otros— Burgess Meredith y John Huston en el elenco.
Where are you? es uno de los cuatro temas de este disco
que provienen del mismo disco de Frank Sinatra, también llamado así y publicado
en 1957. De ahí también provienen The night we called it a day,Autum leaves y Im
a fool to want you.
El programa perdido de "theme time radio
hour".
Entre 2006 y 2009, Bob Dylan fue conductor del programa
"Theme time radio hour", que se emitía por la estación de radio
satelital Sirius (y que los fanáticos conseguían muy poco tiempo después de
transmitido el programa en internet). Ahí, Dylan presentaba canciones que él
aglutinaba en torno a ciertos ejes temáticos, siempre expresados en una palabra
o una breve frase. Las más de las veces se trataba de canciones añejas, que
revelaban varias de las preferencias musicales del conductor, y que con Shadows
in the night en la mano, también lo iluminan. En total, Dylan grabó cien
programas en esos tres años. Pero, como siempre cuando se trata de este
personaje, hay una yapa. La BBC subió hace unos días a su web un programa
"perdido", llegando así a los 101 episodios de Theme time radio hour.
El programa es una suerte de "Lado b" del que en su momento dedicó al
tema Beso, y abarca 30 canciones, desde "Kiss", de Prince, a
"Sombra que besa", del Trío Matamoros y Los Guaracheros de Oriente,
pasando por temas de Mark Knopfler —co productor del álbum de Dylan Jokerman
(1984)—, Miles Davis, The Everly Brothers, Louis Armstrong y muchos más. El
programa aún puede escucharse en la web de la radio estatal británica, que
anuncia en la página dedicada que lo mantendrá en línea hasta el 30 de este
mes.
Video:
Bob Dylan - Soplando en el viento (2:54)
Fuente: El País.com.uy / Divertíte


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