En la casa-sala de ensayo-estudio de grabación que No Te
Va Gustar, tiene en Pocitos, hay poco movimiento en una mañana de muchísimo
calor. En un rato, viene toda la banda a ensayar para una ocasión siempre
especial para todos: un concierto en Montevideo. Será el 21 de marzo en el
Velódromo, una locación que les es familiar y que, a pesar de ser la banda más
popular del Río de la Plata, aún les es un desafío importante. De eso y de
otras cosas habló Emiliano Brancciari con El País.
Video: Entrevista a Emiliano Brancciari (03:54)
El País.com.uy. / Fernán Cisnero - dom mar 1 2015
—Ustedes han hecho una larga carrera que los llevó de
tocar en pequeños lugares —hace ya mucho, es cierto— a este presente donde no
sólo harán un Velódromo en Montevideo sino que también dos estadios de Vélez
Sarfield en Buenos Aires. Después de todo eso, ¿cómo se lleva con su ego?
—No tengo mucho problema en ese sentido porque el grupo
controla el ego de cada uno de sus integrantes. Siempre tratamos de bajar a
tierra a quien sea y por la pavada que sea, si se anda peliculeando. No tenemos
grandes problemas en ese sentido porque siempre la regla fue no despegar los
pies de la tierra pasara lo que nos pasara. Así que si grupalmente ya es así,
individualmente también tiene que serlo.
Además todo fue muy gradual y paulatino: cuando las
cosas empezaron a ir bien en Montevideo, no éramos nadie en el interior, y
después no éramos nadie en Argentina. Así fue a cada lado que fuimos: no nos
conocía nadie y empezamos a ir a pelearla y a convencer a la gente tocando, sin
un aparato atrás que nos apoyara. Eso siempre ayuda a no creerte más de lo que
sos. Y nos sigue ocurriendo hoy con 20 años de carrera, porque sí, tocamos en
Vélez pero a la semana vamos a estar tocando en Costa Rica no sé para cuánta
gente y en México para 3.000 personas y en otro lado para 150. La banda sabe
adaptarse al status del grupo en cada territorio.
—Y para usted como compositor, ¿cómo cambia escribir
canciones para el público aquel de sus primeros años o para la masividad
actual? ¿Cómo lo cambió como artista?
—Hay cosas que son sin pensar porque donde pensás
perdés. Si crees que tenés la fórmula para la masividad en algo que vos estás
haciendo de corazón, le estás errando. La idea es, a la hora de componer,
cerrarse en lo que uno más le gusta, o en lo que a uno lo motiva y que esa
antifórmula" haya funcionado, da confianza. Obviamente que la presión
existe porque tenemos un montón de familias viviendo de esto y construimos un
monstruo tan grande en infraestructura al que ahora hay que sostener.
Pero creemos que la mejor forma de hacerlo es dar algo
de calidad en los shows, ya sea para miles o para cien y tratar de no tener
presiones a la hora de grabar o componer. Sí a la hora de elegir un corte de
difusión, por ejemplo. Antes teníamos una actitud más rockera de elegir el
simple que más nos gustaba o el que pensábamos que representaba al disco aunque
fuera el más raro. Después nos dimos cuenta que nos perjudicábamos nosotros. Y
que un simple sirve para que nos escuche mucha más gente y que así se conozca
el resto del disco. Más con un público tan amplio como el nuestro.
—Usted lo cuenta como que todo se dio de forma natural
pero ¿hubo un momento en el que se percataron que esto estaba creciendo
muchísimo?
—El único momento que vimos algo así fue en Argentina ,
cuando nos pasó en ciudades del interior de sentirnos agobiados por la cantidad
de gente que había afuera de un hotel por ejemplo...
—Tipo beatlemanía...
—Sí. Se volvió incontrolable. Antes llegábamos a un
hotel, íbamos a comer al bar de la esquina, nos sacábamos una foto, dos fotos y
volvíamos. Y de repente no se pudo hacer más eso.
—¿Su grado de masividad en Argentina es del tipo no se
puede salir a la calle?
—Sí, es así.
—El trato con los fanáticos es distinto en Uruguay...
—Sí, pero igual cambió acá. La gente se está animando
más a pedir una foto. Igual salgo y me piden una decena de fotos. En Argentina
es distinto: una vez que paraste se te acerca todo el mundo. Eso pasa más en
las ciudades del interior donde ya saben que estamos en la ciudad. En Buenos
Aires, quizás, pasamos más desapercibidos.
—¿Cómo es la energía que recibe un artista cuando por
ejemplo se enfrenta a un público de 50.000 personas?
—Es un bombazo de adrenalina, un ida y vuelta que está
buenísimo. Igual no deja de volverse más impersonal porque terminás viendo una
masa. No te genera lo mismo que tocar para 300 personas a a las que tenés ahí
mirándote la cara y vos mirándolos a ellos. Es mucho más difícil. Tocar para
mucha gente termina siendo más fácil.
—Pero lo imagino agotador...
—Llega un momento que se hace natural. Son agotadoras
otras cosas.
—¿Por ejemplo?
—Es agotador todo lo que pasa antes de llegar a eso: los
tiempos de espera, los viajes, los aeropuertos. En el momento del show se te
olvida todo.
—¿Compone pensando en un disco?
—Yo hago canciones y después elegimos cuáles ponemos en
el disco considerando un montón de factores por ejemplo, para que no hayan en
el mismo disco cosas muy parecidas.
—O sea que hay canciones viejas esperando su oportunidad
de aparecer.
—En el último, por ejemplo, Viajando sin espada es una
canción que no entró en el anterior disco.
—Es la canción en la que participa Hugo Fattoruso, ¿era
eso lo que le faltaba?
—No. Habíamos hecho una preselección en una votación y
algunos no la pusieron en la lista y entonces no quedó. Pero después que la empezamos
a grabar y cuando la canción la pidió un invitado ahí lo llamamos.
—¿Cómo es su manera de componer? Escribe primero la
letra después la música...
—No tengo una fórmula. Antes sí, era primero la música
pero ahora puedo escribir algo en un viaje y después agregarle la música. O
hacerlo al revés.
—A veces pienso que, por cómo están planteadas, sus
canciones son siempre autoreferenciales, pero mirándolas con atención de ser
así sería algo así como un caso de múltiple personalidad. ¿Desde dónde habla como
compositor?
—En muchos casos es autoreferencial pero he tenido que
encontrar alternativas que me diviertan para componer porque no quiero que la
gente piense que todas esas cosas me pasan a mí. Algunas sí pero no todas.
—Pero si hay una cosa clara es que con sus letras se
sienten identificada gente de todo tipo. ¿Le soprende cómo se produce esa
magia?
—Sí. No hay una explicación. Quizás ayude que es un
vocabulario bastante simple: yo escribo como hablo.
—¿Y quiénes son sus referencias como compositor?
—Miles. Pero voy por mi camino aunque debo tener cosas
de muchos desde lo que más me gustan a los que menos.
—Usted hablaba hace poco de la crítica. Ustedes han
recibido críticas negativas en Uruguay. ¿Cree que están basadas en cierto
recelo hacia esa sencillez y, encima, a su popularidad?
—Eso viene por el lado de lo popular. Nos pasó toda la
vida. Cuando empezamos a tocar —y cuando para mi gusto mis composiciones eran
muy pobres— éramos simpáticos y los más buenos. Pero a medida que fuimos
creciendo, las cosas fueron cambiando. Siempre a lo popular se lo mira con
recelo, como si algo que le gusta a todo el mundo, valiera menos.
—El año pasado, todas las bandas más importantes del
rock uruguayo sacaron muy buenos discos: ustedes, La Vela Puerca, el Cuarteto de
Nos, Buitres y La Tabaré. ¿Cree que el rock uruguayo llegó a su madurez?
—Sí. Más allá de que se vivió una burbuja de masividad
en la primera década de 2000, creo que ahora la vara se subió a nivel de
sonido, de shows, de producción y también cambiaron los objetivos. Un
adolescente que empieza a tocar ahora tiene en qué verse reflejado si su
objetivo es vivir de la música, algo que cuando empezamos a tocar no existía.
Más allá de que no hay tantos lugares para tocar.
—¿Con qué se va a encontrar su público en el recital del
Velódromo, el 21 de marzo?
—Estamos intentando y esperamos poderlo lograr, que sea
un show de nivel internacional. Siempre tratamos de superarnos show a show pero
en Montevideo la gente nos conoce y por eso queremos que se sorprenda. Acá es
donde más nos sentimos observados y donde no podemos fallar.
Por eso vamos a tener una propuesta bastante importante
a nivel visual. Va a ser un show largo. Al principio pensábamos no tocar todo
el disco pero después vimos que es un disco re-tocable y lo queremos tocar
todo. Además van a estar los clásicos y alguna canción vieja: tenemos un
repertorio de más de 30 canciones. Y habrá invitados que van a estar en varias
canciones como Martino, Hugo Fattoruso y un coro de murga. Esperamos
sorprender.
—Usted es bastante uruguayo para ser argentino, ¿no?
—Lo que pasa es que viví toda mi adolescencia en
Uruguay. Me gusta ser las dos cosas. Guardo cosas de Argentina y me gusta ser
argentino pero el hecho de tener una madre uruguaya y haber vivido acá, me hace
distinto.
—¿Y en Argentina lo identifican como argentino o como
uruguayo?
—La banda es uruguaya y la identifican como tal con un
cantante argentino. Y eso es un poco lo que es.
Una banda de las dos orillas
n Emiliano Brancciari nació en Munro, provincia de
Buenos Aires, en octubre de 1977. En 1989, el divorcio de sus padres lo trajo a
vivir a Uruguay con su madre y es por eso que se siente, dice, tan argentino
como uruguayo. Junto a Pablo Abdala y Mateo Moreno formó No te Va Gustar en
1994. En 1999 editaron su primer disco, Solo de noche que incluía uno de sus
primeros clásicos "No era cierto". Desde entonces, la banda ha sacado
otros siete discos de estudio (el último es El tiempo avanza otra vez) algunos
en vivo y hasta una película, El verano siguiente. De la formación original
solo quedan en la banda Brancciari y el percusionista Gonzalo Castex. Hoy son
la banda más popular en Argentina donde para abril los esperan dos estadios de
Vélez Sárfield.
Un disco con productor e invitado de lujo que
confirma una fórmula muy exitosa
El tiempo otra vez avanza, el nuevo disco de No Te Va
Gustar que tendrá su presentación en el concierto del Velódromo es la
confirmación de la fórmula de la banda. Un pop rock cada vez más asentado que
fueron afinando disco a disco. Aunque cada uno tendrá su propio album favorito
entre los ya ocho de la banda, El tiempo otra vez avanza es un disco de
madurez. No sólo por las letras sino por la capacidad de la banda de
encontrarle la vuelta a un sonido propio.
La producción del disco es de Joe Blaney, lo que pone a
la banda en la liga de artistas argentinos que recurrió a ese hombre cuyo
prestigio se remonta a haber participado en sesiones de artistas
internacionales como The Clash o haber producido la mejor etapa de números
rioplatenses como Charly García y Andrés Calamaro.
"Blaney influyó mucho en el producto final",
dice Emiliano Brancciari. "No en la parte artística: ahí nos dejó trabajar
porque aunque nos dio una pauta de trabajo nos respetó mucho como
artistas".
En lo que sí ayudó, dice el cantante y compositor,
"fue en el concepto de grabar en vivo, algo vital en este disco",
además de aportar "muchísimo en el sonido porque tocaba tres perillas y la
batería quedaba sonando como en discos que nosotros considerábamos de
cabecera".
Tocar en vivo en el estudio, además, dice "nos
tenía en foco". Y esa complicidad de saber que si alguien se equivocaba
había que empezar todo de nuevo ayudó muchísimo.
Blaney, además, permitió que la lista de invitados
incluyera a Charly García a quien le produjo —por nombrar uno— su disco clásico
"Clics Modernos". "Charly vino a saludar a Blaney y nos quedamos
hablando y tomando vino", dice Brancciari. "Ahí le mostramos lo que
estábamos haciendo y a los pocos días vino a grabar".
El resultado se puede escuchar en el primer simple del
disco, "Comodín. "Louder" (o sea "más fuerte") ordena
García al comienzo de la canción y como cumpliendo la orden, la banda se manda
un clásico instantáneo para su repertorio. Así de sencillo.
Fuente: El País.com.uy

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